En 2000, arqueólogos de la Universidad de Calgary, bajo la dirección de Dr. Geoffrey McCafferty, iniciaron investigaciones de culturas prehispánicas que vivieron en la costa del Lago Cocibolca. Específicamente, estas investigaciones han intentado evaluar relatos históricos de migraciones de grupos mesoamericanos del altiplano de México (FIGURA 1), quienes hablaban idiomas asociados con las familias de Oto-Mangue y Náhuatl.
Santa Isabel
Santa Isabel, al norte de San Jorge, fue identificado en el libro fundacional The Archaeology of Rivas, Nicaragua por Paul Healy (1980), y también en el recorrido superficial de Karen Niemel (2003). En estos estudios fue interpretado como uno de los sitios más importantes del Postclásico (800-1522 d.C.). Desde 2000 a 2005 el Proyecto Santa Isabel, Nicaragua (SIN) investigó rasgos domésticos para inferir prácticas cotidianas del período Sapoá, pero sin encontrar evidencia del período Ometepe asociado con los Nicarao.
Siete locales fueron investigados en Santa Isabel utilizando pozos de prospección y excavaciones horizontales (FIGURA 2). Los montículos 1, 3, y 6 fueron los que se exploraron con mayor intensidad. El énfasis estaba en exposiciones de niveles superiores, relevante a los últimos habitantes. Fechas de radiocarbón indican que el sitio fue abandonado cerca de 1250 d.C.
El Proyecto SIN fue uno de los primeros en Centroamérica para investigar prácticas domésticas, incluyendo la arquitectura residencial, alimentación, producción especializada, y la ideología religiosa. Otro resultado importante fue la datación por radiocarbón de muestras asociadas con cerámica policromada, para revisar la cronología del Postclásico.
Tepetate
Tepetate está ubicado al norte de la ciudad moderna de Granada, y ha sido conocido por arqueólogos (y huaqueros) por más de 100 años. En 1996, Silvia Salgado lo identificó como centro regional, probablemente asociado con la comunidad indígena de Xalteva al momento de la Conquista. Excavaciones del Proyecto Arqueológico Granada, Nicaragua (PAGN), en 2008, exploró tres locales en el extremo norte del sitio (FIGURA 3). En Tepetate se encontraron restos arquitectónicos en niveles profundos, aunque las capas superiores eran muy perturbadas por acciones de huaqueros. Es una tragedia que uno de los sitios más importantes de Nicaragua ha sido casi destruido en tiempos recientes. En el Local 3 se excavó un cementerio de restos humanos muy deteriorados, asociado con urnas tipo zapato.
El Rayo
El sitio El Rayo está localizado en la península Asese del Lago Cocibolca. Fue descubierto por Silvia Salgado en los 90s como parte de su inventario de sitios en la región de Granada. Hace pocos años, durante la construcción de un camino, se encontró evidencia de un cementerio Postclásico con restos de urnas en forma de zapato. Para rescatar información del sitio, investigaciones empezaron en 2009 y continuaron en 2010 (FIGURA 4). El Rayo es uno de los sitios arqueológicos más importantes en Nicaragua, en parte porque fue ocupado continuamente desde el período Bagaces tardío hasta el Sapoá (600-1250 d.C.), pero también por la preservación excelente de materiales. Ofrece un rango de patrones mortuorios, incluyendo entierros rituales. Restos domésticos en el Local 2 permiten comparaciones entre la cultura material de la transición Bagaces/Sapoá, cuando grupos étnicos de México llegaron al Pacífico de Nicaragua. El análisis de estos contextos permitió una reevaluación rigorosa de estos mitos de migración.
Este ensayo presenta conclusiones de diez años de investigación arqueológica. Está dividido entre cronología, alimentación, arquitectura, patrones mortuorios, ornamentación, y producción especializada artesanal.
Fundaciones cronológicas
Las culturas arqueológicas son descritas en base a sus dimensiones espaciales y temporales. Así mismo, las cronologías regionales son una fundación importante para interpretación. La cronología del Pacífico de Nicaragua tradicionalmente ha sido asociada a Costa Rica, en parte por la abundancia relativa de la arqueología científica allá. El resultado, es una secuencia de cinco períodos de larga duración (figura 5).
Radiocarbón
La técnica más común para determinar fechas arqueológicas es utilizando isótopos de radiocarbón. El elemento carbón típicamente tiene 12 neutrones (C12), pero también existe carbón radioactivo con 14 neutrones (C14). Estos átomos radioactivos decaen en un rato fijo, con vida media de 5270 años. La determinación de la cantidad de C14 en una muestra orgánica, por ejemplo en madera carbonizada, da una aproximación del tiempo después de la muerte.
Santa Isabel
Diecisiete muestras de radiocarbón fueron analizadas de Santa Isabel, y todas fechaban entre 900 a 1250 d.C., consistente con el período Sapoá (figura 6). Esto fue una sorpresa, porque investigaciones previas en el sitio concluyeron que fue ocupado continuamente en el período Ometepe, hasta el contacto Europeo. Estas interpretaciones previas estaban basadas en cerámica diagnóstica del período Ometepe, como los polícromos Vallejo y Madeira, y Castillo Esgrafiado. La conclusión, en base a las fechas nuevas, es que la secuencia cerámica tradicional debe ser revisada, con muchos de los diagnósticos ‘Ometepe’ introducidos unos siglos más temprano (figura 7).
Tepetate
Cuando no se encontraron restos asociados con el período Ometepe en Santa Isabel, el sitio de Tepetate fue escogido porque fue ocupado al momento del contacto europeo. Las excavaciones recuperaron cerámica asociada con la secuencia tradicional, incluyendo cerámica de los tipos Mombacho y Vallejo (figura 8). Dos fechas de C14 (1030 +/- 40 y 1140 +/- 40) otra vez pertenecen al período Sapoá Tardío, indicando una vez mas que la secuencia tradicional no coincide con los datos nuevos.
El Rayo
El Rayo fue excavado con la esperanza de encontrar restos del período Ometepe, y nuevamente el sitio aparece abandonado durante el período Sapoá Tardío (1100-1150 d.C.). Asombrosamente, niveles profundos en el Local 2, incluyeron depósitos ricos de cerámica del período Bagaces Tardío (figura 9). Fechas de radiocarbón indican que el sitio fue ocupado por primera vez 600 d.C.; y entre 650 a 800 d.C. nuevos tipos de cerámica, como el Momta Policromo, fueron introducidos. La cerámica Sapoá fue adoptada relativamente rápido, entre 750 y 850 d.C., con cambios grandes en los tipos y formas de vasijas empleadas.
Conclusión
Los proyectos SIN y PAGN han contribuido 27 fechas de radiocarbón relacionadas a los períodos Bagaces Tardío hasta Sapoá Tardío, 600-1250 d.C. Los resultados cambian la secuencia tradicional, especialmente en relación a diagnósticos del período Ometepe, y clarifican la transición entre Bagaces y Sapoá (650-800 dC).
Alimentación
La alimentación –definido por las plantas y animales consumidos, las técnicas de preparación y rituales asociados– es una manera fundamental para inferir las identidades culturales, especialmente la etnicidad (figura 10). Para identificar posibles grupos de migrantes en el Pacífico de Nicaragua, consistente con las fuentes etnohistóricas, la alimentación arqueológica fue una meta importante de los proyectos SIN y PAGN.
Medio ambiente
El Pacífico de Nicaragua ha estado descrito como un paraíso ecológico, con una abundancia de plantas y animales selváticos. Esto está reflejado en la diversidad de restos faunísticos recuperados en contextos arqueológicos, como pescado, tortuga, venado, armadillo, y una variedad de aves, reptiles, y mamíferos. Los pescados fueron los más abundantes en restos de fauna en los contextos bien preservados de Santa Isabel y El Rayo (figura 11). En cambio, en Santa Isabel los venados fueron la mayor contribución de carne en la dieta.
Herramientas de caza
La evidencia arqueológica por la caza y pesca de animales incluyó una de las clases de artefactos más abundantes (figura 12). Pesas de red para pescar hechas de fragmentos de cerámica, se encuentran en varias formas. Anzuelos de hueso se encontraron tanto en Santa Isabel como en El Rayo. Puntas de proyectil, probablemente utilizadas como lanzas para cazar animales grandes, fueron escasas. Más común eran las bolitas de arcilla, utilizadas como proyectiles de cerbatana para cazar aves.
Restos botánicos
Preservación excelente de restos de plantas incluyen muestras de madera y semillas carbonizadas (figura 13). Análisis microscópico de la madera carbonizada puede ofrecer información acerca de la selva prehispánica. La mayoría de las semillas son de jocote, una fruta que puede ser fermentada para hacer una especie de vino. Otras semillas incluyen frijol, cacao y nueces de la palma coyol. Es notable que no haya evidencia arqueológica de maíz.
Preparación
Otros artefactos relacionados con la preparación de la comida. Raspadores líticos fueron empleados para descarnar animales de caza. Las hachas eran utilizadas para cortar arboles, y posiblemente para excavar raíces comestibles. Con piedras de moler, como manos y metates (figura 14), la gente molió semillas y frutas; aunque un estudio reciente de fitolitos indicó (otra vez) que el maíz no estaba procesado. Pequeños microlitos, llamados ‘raspaditas’, posiblemente fueron metidos en tablas de madera para raspar raíces como la yuca.
Vasijas de cocina
Vasijas utilitarias ofrecen información adicional sobre prácticas de cocina (figura 15). Vasijas abiertas (cazuelas) probablemente fueron utilizadas para preparar sopas con una mezcla de plantas y animales silvestres.Las vasijas en forma de zapato posiblemente eran para hervir líquidos, con el vapor capturado por la superficie superior de la vasija.
Conclusiones
Recientes investigaciones arqueológicas ofrecen información extensiva sobre la alimentación prehispánica, especialmente del período Sapoá. La gente consumió plantas y animales obtenidos del medio ambiente. En contraste a las expectativas, casi no existía evidencia de plantas o animales domésticos: no hubo evidencia de maíz, chompipe, ni perro entre los cientos de semillas carbonizadas o restos faunísticos. Estudios nutricionales utilizando el análisis de isotopos, están en proceso para clarificar patrones antiguos de la dieta.
Arquitectura
Muy poca información existía acerca de formas arquitectónicas prehispánicas. En fuentes etnohistóricas del siglo XVI, por ejemplo por Oviedo, habían descripciones de edificios impermanentes hechos de bajareque y techos de palma (figura 16). Fotos históricas también dan imágenes de casas indígenas (figura 17). Hasta el inicio de los Proyectos SIN y PAGN, las excavaciones arqueológicas no han recuperado mucha información sobre patrones arquitectónicos en el Pacifico de Nicaragua.
Santa Isabel
Las excavaciones en Santa Isabel permitieron investigar restos domésticos en varios montículos artificiales. Aunque no fue posible identificar huellas completas de los edificios, se encontraron varios restos de pisos ocupacionales y muros (FIGURA 18). La mayoría de los pisos consistieron de arena compactada, pero en algunos casos habían capas delgadas de estuco. En el Montículo 3, una secuencia de ocho pisos superpuestos, indica que fueron ocupados de 30-50 años antes de reconstrucción. Los muros consistieron de bajareque –una composición de palos delgados entrelazados y cubiertos con lodo seco-. Restos arqueológicos de bajareque están en forma de pedazos de lodo quemado con huellas de los palos.
Tepetate
El montículo mas completo de Tepetate ha estado muy huaqueado en años recientes. Excavaciones encontraron el derrumbe de muros destruidos en capas superficiales del edificio. A una profundidad mayor a un metro, si había evidencia de pisos hechos de piedra asociados con las bases de los muros (figura 19). En otro local del mismo sitio, se excavó un muro bien preservado de piedras.
El Rayo
Un ejemplo de arquitectura monumental fue encontrada en el Local 2 de El Rayo, con un muro de piedra a un metro de ancho, que probablemente sirvió como muro de contención (figura 20). Fue construido en la fase Bagaces Tardío. Además, restos arquitectónicos de estructuras habitacionales estaban ubicadas encima de la plataforma hecha por el muro de contención.
Conclusión
Aunque son mínimas, la evidencia de arquitectura encontrada en estos proyectos es de las primeras descubiertas en Nicaragua. Indica que los indígenas vivían en casas permanentes y en asentamientos de larga duración. La presencia de un muro monumental implica una organización política, en la que los habitantes trabajaban juntos para el bien público.
Patrones Mortuorios
Investigaciones arqueológicas recientes en el Pacífico de Nicaragua, han encontrado un rango de patrones mortuorios de los períodos Bagaces y Sapoá (600-1250 d.C.). Estos períodos incluyen la llegada de migrantes mesoamericanos, como dicen las fuentes históricas, y entonces se relacionan a cambios culturales. Patrones mortuorios ofrecen datos importantes para evaluar estos cambios.
Santa Isabel
El patrón típico de entierros en el Postclásico de Nicaragua, está en urnas grandes con forma de zapato (figura 21). En Santa Isabel estas fueron utilizadas para enterrar infantes. En contraste, un adulto y dos adolescentes fueron enterrados directamente en el suelo, abajo de pisos residenciales (figura 22). El adulto (masculino) fue enterrado con pedacitos de piedra verde, herramientas de lapidario, y una vasija extraña con caras de búho.
Tepetate
En Tepetate, conjuntos de urnas fragmentadas, incluyendo urnas en forma de zapato y ollas con boca grande, fueron encontradas con restos humanos mal preservados (figura 23). Todos los individuos fueron adultos, unos adentro de urnas y otros extendidos encima. Ofrendas incluyeron cajetes, vasijas miniaturas con caras aplicadas, y ornamentación. Una posible cripta fue encontrada en Montículo 1, en donde había una alineación de piedras planas. Un diente humano fue el único resto humano en una área con mucha evidencia del huaquerismo.
El Rayo
El sitio El Rayo tenía entierros de los períodos Bagaces y Sapoá, pues presentaba evidencia excelente para interpretar cambios en patrones mortuorios. El cementerio principal fue expuesto en un corte de camino, que revelaba urnas con forma de zapato, y restos humanos. Varias concentraciones de urnas tipo zapato, fueron encontradas (figura 24) con vasijas pequeñas y piedras volcánicas adentro; pero restos humanos fueron escasos. En cambio, cráneos humanos aislados fueron encontrados adyacentes a las urnas, posiblemente como evidencia de un culto de cabezas de trofeo. Una excepción fue una urna con cráneo adentro, con una navaja de pedernal en su boca (figura 25). Un conjunto de tres urnas estuvieron asociadas con un grupo de navajas bien formadas, dos orejeras grandes, y una cajetilla llena con casi 100 cuentas de barro. Abajo del nivel de las urnas, habían entierros primarios en posición flexionada, asociado con cerámica del período Bagaces como indicador de un patrón distinto (figura 26).
El Local 3 tenía urnas de zapatos adicionales, orientadas de norte a sur, en frente de una capilla (figura 27). Restos humanos fueron escasos en las vasijas; aunque huesos aparecieron en el suelo alrededor de las urnas. En otra área del mismo local, restos humanos en mal estado de preservación estaban asociados con vasijas completas, un cascabel de cobre y una ocarina (figura 28).
Conclusión
Excavaciones recientes en el Pacífico de Nicaragua han encontrado una variedad de patrones mortuorios. Durante el período Bagaces, entierros fueron primarios, en posiciones flexionados o extendidos. Urnas en forma de zapato fueron típicas del período Sapoá, aunque la presencia de restos humanos en las urnas fue inconsistente, con infantes en las urnas en Santa Isabel pero adultos enterrados en urnas en Tepetate.
Ornamentación e identidad
Una de las metas principales de la investigación arqueológica en el Pacífico de Nicaragua fue la interpretación de identidades culturales, especialmente la etnicidad. La ornamentación es uno de los aspectos de la cultura material más relacionada a la identidad. En Nicaragua, la ornamentación consistió de objetos como cuentas de collar, colgantes, orejeras hechas de piedra verde, hueso, concha, y cerámica. Otra ornamentación incluyó materiales impermanentes, como textiles, plumas, y tatuaje. Estos podrían ser inferidos por las figurillas policromas en contextos arqueológicos.
Cuentas
Las cuentas fueron una de las clases de ornamentación más común (figura 29). La mayoría fueron fabricadas de arcilla, pero hueso y piedra verde también fueron utilizados. En El Rayo, una cajetilla pequeña contenía casi 100 cuentas de cerámica y hueso, probablemente como una ofrenda mortuoria. Una cuenta larga de Santa Isabel fue grabada con la cara del dios de la lluvia mesoamericano, Tlaloc.
Colgantes
Colgantes estaban hechos de barro, hueso (incluyendo dientes humanos y de animal), concha y piedra verde (figura 30). Los más elaborados fueron grabados en hueso: uno representó serpientes emplumadas. Un cascabel de cobre fue recuperado, como un ejemplo raro de joyería metálica.
Orejeras
La mayoría de las orejeras fueron hechas de arcilla fina, pulida a un color café oscuro. La forma mas común consistió de círculos con paredes delgadas y cóncavas (figura 31). El tamaño puede relacionar la edad del individuo y/o su estatus. Otras orejeras fueron más elaboradas, con decoraciones. Algunas fueron hechas con vertebras de pescados.
Tatuaje y pintura
Fuentes etnohistóricas, indican que los nicaragüenses indígenas decoraban ellos mismos sus cuerpos con tatuajes. Esta práctica es indicada por las figurillas policromas del Postclásico. Sellos han sido encontrados para la aplicación de decoración pintada en textiles y en el cuerpo mismo (figura 32).
Figurillas
Figurillas como representaciones en miniatura, ofrecen información importante en la manera de cómo los nicaragüenses de imaginaban a si mismos, con detalles sobre la ornamentación que no se preserva arqueológicamente, como tocados, tatuajes, pintura de cuerpo y vestimenta (figura 33). Análisis cuidadosos de figurillas con otros aspectos de la ornamentación, pueden dar información importante de estética, sobre los conceptos en relación al ‘cuerpo hermoso’.
Producción Especializada Artesanal
Una de las características fundamentales de las sociedades complejas, es la producción especializada de materiales. Esto implica la alocación de tiempo y energía laboral, aparte de subsistencia básica. También sugiere un grado de jerarquía y el intercambio a larga distancia de objetos preciosos. Las investigaciones en el Pacífico de Nicaragua, y particularmente en Santa Isabel, han encontrado una variedad de actividades especializadas artesanales.
La lítica
La evidencia más abundante de la producción especializada existe en los miles de fragmentos de piedra lascada, un deshecho en fabricación de herramientas de pedernal. La mayoría de materiales de lítica utilizados en la costa del Lago Cocibolca fue silex blanco, pero el pedernal rojo oscuro, calcedonia y obsidiana también fueron utilizados (figura 34). Ninguno de estos materiales provenían de la región, la implicación es de intercambio a larga distancia: el pedernal rojo de Chontales y la obsidiana de Honduras. Algunas de las herramientas probablemente llegaron prefabricadas, pero la abundancia de lascas de todos los materiales, indica manufactura local.
Producción textil
La evidencia de producción textil fue abundante en Santa Isabel, con ruecas de hilar y herramientas de telar hechas de hueso (figura 35). En contraste, las ruecas fueron escasas en Tepetate y El Rayo, como indicador de que se importó hilo desde centros de producción como Santa Isabel. Figurillas femeninas representan vestimentas como blusas finas y posiblemente faldas. El hilo también fue utilizado en la fabricación de redes para pescar y hamacas.
Alfarería
La producción de cerámica por análisis de la composición, es el tema de tesis doctoral de Carrie Dennett, de la Universidad de Calgary. Secciones delgadas de diferentes tipos cerámicos han sido observadas con microscopio, para identificar tipos diferentes de arcilla, representando centros de producción distintos (figura 36). Por ejemplo, Tepetate es conocido como un centro de fabricación de figurillas, en base a moldes recuperados arqueológicamente.
Piedra verde
La piedra verde adquiere una superficie lustrosa que se denomina usualmente ‘jade social’, no es jade verdadero, pero si una imitación local. Santa Isabel tenía evidencia de la producción de cuentas, colgantes y amuletos de jade social. La materia prima tenia evidencia de huellas de sierra-hilo para crear la forma básica (figura 37).
Herramientas de hueso
La preservación excepcional de huesos en Santa Isabel y El Rayo, incluyó ejemplos de herramientas de hueso como anzuelos y agujas. En Santa Isabel también había evidencia de su producción. Por ejemplo, huesos largos de venado tenían huellas de cortes por sierra-hilo, probablemente para la fabricación de anzuelos (figura 38).Otros huesos estaban modelados para fabricar herramientas de telar y de ornamentación.
Producción de concha
En Santa Isabel habían varios ejemplos de joyería de concha de mar. Además, habían deshechos de núcleos de caracol marino como evidencia de la fabricación de objetos (figura 39). La abundancia de estos núcleos implica la producción por el intercambio. Es interesante, entonces, que no habían ejemplos de joyería de concha en Tepetate o El Rayo.
Conclusión
Excavaciones en Santa Isabel, Tepetate y El Rayo representan el programa arqueológico más extenso en la historia de Nicaragua, y han producido descubrimientos importantes e interpretaciones nuevas. Estamos en el proceso de reinventar la historia prehispánica del país, en base a datos científicos. La importancia de este tipo de investigación es con relación a la identidad cultural de hoy en día. Cualquier población está relacionada a su pasado. Con mejor conocimiento de su historia, un pueblo tiene una fundación más fuerte. La investigación científica de la arqueología –en contraste a la colección privada de piezas– es por el bien de todos, al igual que la preservación de sitios, como recursos culturales del patrimonio nacional.
Las investigaciones de los proyectos en Santa Isabel, Tepetate y El Rayo, son ejemplos del valor de excavaciones científicas, que han revelado algo de la diversidad y complejidad de la sociedad indígena nicaragüense. Aunque vivían en casas sencillas, comían de la tierra y el lago proporcionaba alimentación abundante y sana. Practicaban ritos mortuorios en un sentido espiritual, con respeto a la madre tierra. En su cerámica hermosa, existía una expresión de sus capacidades artísticas. La ornamentación y la producción especializada, indican la complejidad de la organización social y contactos exteriores. En total, los indígenas de hace mil años vivían en simbiosis con su medio ambiente.
En 2000, arqueólogos de la Universidad de Calgary, bajo la dirección de Dr. Geoffrey McCafferty, iniciaron investigaciones de culturas prehispánicas que vivieron en la costa del Lago Cocibolca. Específicamente, estas investigaciones han intentado evaluar relatos históricos de migraciones de grupos mesoamericanos del altiplano de México (FIGURA 1), quienes hablaban idiomas asociados con las familias de Oto-Mangue y Náhuatl.
Santa Isabel
Santa Isabel, al norte de San Jorge, fue identificado en el libro fundacional The Archaeology of Rivas, Nicaragua por Paul Healy (1980), y también en el recorrido superficial de Karen Niemel (2003). En estos estudios fue interpretado como uno de los sitios más importantes del Postclásico (800-1522 d.C.). Desde 2000 a 2005 el Proyecto Santa Isabel, Nicaragua (SIN) investigó rasgos domésticos para inferir prácticas cotidianas del período Sapoá, pero sin encontrar evidencia del período Ometepe asociado con los Nicarao.
Siete locales fueron investigados en Santa Isabel utilizando pozos de prospección y excavaciones horizontales (FIGURA 2). Los montículos 1, 3, y 6 fueron los que se exploraron con mayor intensidad. El énfasis estaba en exposiciones de niveles superiores, relevante a los últimos habitantes. Fechas de radiocarbón indican que el sitio fue abandonado cerca de 1250 d.C.
El Proyecto SIN fue uno de los primeros en Centroamérica para investigar prácticas domésticas, incluyendo la arquitectura residencial, alimentación, producción especializada, y la ideología religiosa. Otro resultado importante fue la datación por radiocarbón de muestras asociadas con cerámica policromada, para revisar la cronología del Postclásico.
Tepetate
Tepetate está ubicado al norte de la ciudad moderna de Granada, y ha sido conocido por arqueólogos (y huaqueros) por más de 100 años. En 1996, Silvia Salgado lo identificó como centro regional, probablemente asociado con la comunidad indígena de Xalteva al momento de la Conquista. Excavaciones del Proyecto Arqueológico Granada, Nicaragua (PAGN), en 2008, exploró tres locales en el extremo norte del sitio (FIGURA 3). En Tepetate se encontraron restos arquitectónicos en niveles profundos, aunque las capas superiores eran muy perturbadas por acciones de huaqueros. Es una tragedia que uno de los sitios más importantes de Nicaragua ha sido casi destruido en tiempos recientes. En el Local 3 se excavó un cementerio de restos humanos muy deteriorados, asociado con urnas tipo zapato.
El Rayo
El sitio El Rayo está localizado en la península Asese del Lago Cocibolca. Fue descubierto por Silvia Salgado en los 90s como parte de su inventario de sitios en la región de Granada. Hace pocos años, durante la construcción de un camino, se encontró evidencia de un cementerio Postclásico con restos de urnas en forma de zapato. Para rescatar información del sitio, investigaciones empezaron en 2009 y continuaron en 2010 (FIGURA 4). El Rayo es uno de los sitios arqueológicos más importantes en Nicaragua, en parte porque fue ocupado continuamente desde el período Bagaces tardío hasta el Sapoá (600-1250 d.C.), pero también por la preservación excelente de materiales. Ofrece un rango de patrones mortuorios, incluyendo entierros rituales. Restos domésticos en el Local 2 permiten comparaciones entre la cultura material de la transición Bagaces/Sapoá, cuando grupos étnicos de México llegaron al Pacífico de Nicaragua. El análisis de estos contextos permitió una reevaluación rigorosa de estos mitos de migración.
Este ensayo presenta conclusiones de diez años de investigación arqueológica. Está dividido entre cronología, alimentación, arquitectura, patrones mortuorios, ornamentación, y producción especializada artesanal.
Fundaciones cronológicas
Las culturas arqueológicas son descritas en base a sus dimensiones espaciales y temporales. Así mismo, las cronologías regionales son una fundación importante para interpretación. La cronología del Pacífico de Nicaragua tradicionalmente ha sido asociada a Costa Rica, en parte por la abundancia relativa de la arqueología científica allá. El resultado, es una secuencia de cinco períodos de larga duración (figura 5).
Radiocarbón
La técnica más común para determinar fechas arqueológicas es utilizando isótopos de radiocarbón. El elemento carbón típicamente tiene 12 neutrones (C12), pero también existe carbón radioactivo con 14 neutrones (C14). Estos átomos radioactivos decaen en un rato fijo, con vida media de 5270 años. La determinación de la cantidad de C14 en una muestra orgánica, por ejemplo en madera carbonizada, da una aproximación del tiempo después de la muerte.
Santa Isabel
Diecisiete muestras de radiocarbón fueron analizadas de Santa Isabel, y todas fechaban entre 900 a 1250 d.C., consistente con el período Sapoá (figura 6). Esto fue una sorpresa, porque investigaciones previas en el sitio concluyeron que fue ocupado continuamente en el período Ometepe, hasta el contacto Europeo. Estas interpretaciones previas estaban basadas en cerámica diagnóstica del período Ometepe, como los polícromos Vallejo y Madeira, y Castillo Esgrafiado. La conclusión, en base a las fechas nuevas, es que la secuencia cerámica tradicional debe ser revisada, con muchos de los diagnósticos ‘Ometepe’ introducidos unos siglos más temprano (figura 7).
Tepetate
Cuando no se encontraron restos asociados con el período Ometepe en Santa Isabel, el sitio de Tepetate fue escogido porque fue ocupado al momento del contacto europeo. Las excavaciones recuperaron cerámica asociada con la secuencia tradicional, incluyendo cerámica de los tipos Mombacho y Vallejo (figura 8). Dos fechas de C14 (1030 +/- 40 y 1140 +/- 40) otra vez pertenecen al período Sapoá Tardío, indicando una vez mas que la secuencia tradicional no coincide con los datos nuevos.
El Rayo
El Rayo fue excavado con la esperanza de encontrar restos del período Ometepe, y nuevamente el sitio aparece abandonado durante el período Sapoá Tardío (1100-1150 d.C.). Asombrosamente, niveles profundos en el Local 2, incluyeron depósitos ricos de cerámica del período Bagaces Tardío (figura 9). Fechas de radiocarbón indican que el sitio fue ocupado por primera vez 600 d.C.; y entre 650 a 800 d.C. nuevos tipos de cerámica, como el Momta Policromo, fueron introducidos. La cerámica Sapoá fue adoptada relativamente rápido, entre 750 y 850 d.C., con cambios grandes en los tipos y formas de vasijas empleadas.
Conclusión
Los proyectos SIN y PAGN han contribuido 27 fechas de radiocarbón relacionadas a los períodos Bagaces Tardío hasta Sapoá Tardío, 600-1250 d.C. Los resultados cambian la secuencia tradicional, especialmente en relación a diagnósticos del período Ometepe, y clarifican la transición entre Bagaces y Sapoá (650-800 dC).
Alimentación
La alimentación –definido por las plantas y animales consumidos, las técnicas de preparación y rituales asociados– es una manera fundamental para inferir las identidades culturales, especialmente la etnicidad (figura 10). Para identificar posibles grupos de migrantes en el Pacífico de Nicaragua, consistente con las fuentes etnohistóricas, la alimentación arqueológica fue una meta importante de los proyectos SIN y PAGN.
Medio ambiente
El Pacífico de Nicaragua ha estado descrito como un paraíso ecológico, con una abundancia de plantas y animales selváticos. Esto está reflejado en la diversidad de restos faunísticos recuperados en contextos arqueológicos, como pescado, tortuga, venado, armadillo, y una variedad de aves, reptiles, y mamíferos. Los pescados fueron los más abundantes en restos de fauna en los contextos bien preservados de Santa Isabel y El Rayo (figura 11). En cambio, en Santa Isabel los venados fueron la mayor contribución de carne en la dieta.
Herramientas de caza
La evidencia arqueológica por la caza y pesca de animales incluyó una de las clases de artefactos más abundantes (figura 12). Pesas de red para pescar hechas de fragmentos de cerámica, se encuentran en varias formas. Anzuelos de hueso se encontraron tanto en Santa Isabel como en El Rayo. Puntas de proyectil, probablemente utilizadas como lanzas para cazar animales grandes, fueron escasas. Más común eran las bolitas de arcilla, utilizadas como proyectiles de cerbatana para cazar aves.
Restos botánicos
Preservación excelente de restos de plantas incluyen muestras de madera y semillas carbonizadas (figura 13). Análisis microscópico de la madera carbonizada puede ofrecer información acerca de la selva prehispánica. La mayoría de las semillas son de jocote, una fruta que puede ser fermentada para hacer una especie de vino. Otras semillas incluyen frijol, cacao y nueces de la palma coyol. Es notable que no haya evidencia arqueológica de maíz.
Preparación
Otros artefactos relacionados con la preparación de la comida. Raspadores líticos fueron empleados para descarnar animales de caza. Las hachas eran utilizadas para cortar arboles, y posiblemente para excavar raíces comestibles. Con piedras de moler, como manos y metates (figura 14), la gente molió semillas y frutas; aunque un estudio reciente de fitolitos indicó (otra vez) que el maíz no estaba procesado. Pequeños microlitos, llamados ‘raspaditas’, posiblemente fueron metidos en tablas de madera para raspar raíces como la yuca.
Vasijas de cocina
Vasijas utilitarias ofrecen información adicional sobre prácticas de cocina (figura 15). Vasijas abiertas (cazuelas) probablemente fueron utilizadas para preparar sopas con una mezcla de plantas y animales silvestres.Las vasijas en forma de zapato posiblemente eran para hervir líquidos, con el vapor capturado por la superficie superior de la vasija.
Conclusiones
Recientes investigaciones arqueológicas ofrecen información extensiva sobre la alimentación prehispánica, especialmente del período Sapoá. La gente consumió plantas y animales obtenidos del medio ambiente. En contraste a las expectativas, casi no existía evidencia de plantas o animales domésticos: no hubo evidencia de maíz, chompipe, ni perro entre los cientos de semillas carbonizadas o restos faunísticos. Estudios nutricionales utilizando el análisis de isotopos, están en proceso para clarificar patrones antiguos de la dieta.
Arquitectura
Muy poca información existía acerca de formas arquitectónicas prehispánicas. En fuentes etnohistóricas del siglo XVI, por ejemplo por Oviedo, habían descripciones de edificios impermanentes hechos de bajareque y techos de palma (figura 16). Fotos históricas también dan imágenes de casas indígenas (figura 17). Hasta el inicio de los Proyectos SIN y PAGN, las excavaciones arqueológicas no han recuperado mucha información sobre patrones arquitectónicos en el Pacifico de Nicaragua.
Santa Isabel
Las excavaciones en Santa Isabel permitieron investigar restos domésticos en varios montículos artificiales. Aunque no fue posible identificar huellas completas de los edificios, se encontraron varios restos de pisos ocupacionales y muros (FIGURA 18). La mayoría de los pisos consistieron de arena compactada, pero en algunos casos habían capas delgadas de estuco. En el Montículo 3, una secuencia de ocho pisos superpuestos, indica que fueron ocupados de 30-50 años antes de reconstrucción. Los muros consistieron de bajareque –una composición de palos delgados entrelazados y cubiertos con lodo seco-. Restos arqueológicos de bajareque están en forma de pedazos de lodo quemado con huellas de los palos.
Tepetate
El montículo mas completo de Tepetate ha estado muy huaqueado en años recientes. Excavaciones encontraron el derrumbe de muros destruidos en capas superficiales del edificio. A una profundidad mayor a un metro, si había evidencia de pisos hechos de piedra asociados con las bases de los muros (figura 19). En otro local del mismo sitio, se excavó un muro bien preservado de piedras.
El Rayo
Un ejemplo de arquitectura monumental fue encontrada en el Local 2 de El Rayo, con un muro de piedra a un metro de ancho, que probablemente sirvió como muro de contención (figura 20). Fue construido en la fase Bagaces Tardío. Además, restos arquitectónicos de estructuras habitacionales estaban ubicadas encima de la plataforma hecha por el muro de contención.
Conclusión
Aunque son mínimas, la evidencia de arquitectura encontrada en estos proyectos es de las primeras descubiertas en Nicaragua. Indica que los indígenas vivían en casas permanentes y en asentamientos de larga duración. La presencia de un muro monumental implica una organización política, en la que los habitantes trabajaban juntos para el bien público.
Patrones Mortuorios
Investigaciones arqueológicas recientes en el Pacífico de Nicaragua, han encontrado un rango de patrones mortuorios de los períodos Bagaces y Sapoá (600-1250 d.C.). Estos períodos incluyen la llegada de migrantes mesoamericanos, como dicen las fuentes históricas, y entonces se relacionan a cambios culturales. Patrones mortuorios ofrecen datos importantes para evaluar estos cambios.
Santa Isabel
El patrón típico de entierros en el Postclásico de Nicaragua, está en urnas grandes con forma de zapato (figura 21). En Santa Isabel estas fueron utilizadas para enterrar infantes. En contraste, un adulto y dos adolescentes fueron enterrados directamente en el suelo, abajo de pisos residenciales (figura 22). El adulto (masculino) fue enterrado con pedacitos de piedra verde, herramientas de lapidario, y una vasija extraña con caras de búho.
Tepetate
En Tepetate, conjuntos de urnas fragmentadas, incluyendo urnas en forma de zapato y ollas con boca grande, fueron encontradas con restos humanos mal preservados (figura 23). Todos los individuos fueron adultos, unos adentro de urnas y otros extendidos encima. Ofrendas incluyeron cajetes, vasijas miniaturas con caras aplicadas, y ornamentación. Una posible cripta fue encontrada en Montículo 1, en donde había una alineación de piedras planas. Un diente humano fue el único resto humano en una área con mucha evidencia del huaquerismo.
El Rayo
El sitio El Rayo tenía entierros de los períodos Bagaces y Sapoá, pues presentaba evidencia excelente para interpretar cambios en patrones mortuorios. El cementerio principal fue expuesto en un corte de camino, que revelaba urnas con forma de zapato, y restos humanos. Varias concentraciones de urnas tipo zapato, fueron encontradas (figura 24) con vasijas pequeñas y piedras volcánicas adentro; pero restos humanos fueron escasos. En cambio, cráneos humanos aislados fueron encontrados adyacentes a las urnas, posiblemente como evidencia de un culto de cabezas de trofeo. Una excepción fue una urna con cráneo adentro, con una navaja de pedernal en su boca (figura 25). Un conjunto de tres urnas estuvieron asociadas con un grupo de navajas bien formadas, dos orejeras grandes, y una cajetilla llena con casi 100 cuentas de barro. Abajo del nivel de las urnas, habían entierros primarios en posición flexionada, asociado con cerámica del período Bagaces como indicador de un patrón distinto (figura 26).
El Local 3 tenía urnas de zapatos adicionales, orientadas de norte a sur, en frente de una capilla (figura 27). Restos humanos fueron escasos en las vasijas; aunque huesos aparecieron en el suelo alrededor de las urnas. En otra área del mismo local, restos humanos en mal estado de preservación estaban asociados con vasijas completas, un cascabel de cobre y una ocarina (figura 28).
Conclusión
Excavaciones recientes en el Pacífico de Nicaragua han encontrado una variedad de patrones mortuorios. Durante el período Bagaces, entierros fueron primarios, en posiciones flexionados o extendidos. Urnas en forma de zapato fueron típicas del período Sapoá, aunque la presencia de restos humanos en las urnas fue inconsistente, con infantes en las urnas en Santa Isabel pero adultos enterrados en urnas en Tepetate.
Ornamentación e identidad
Una de las metas principales de la investigación arqueológica en el Pacífico de Nicaragua fue la interpretación de identidades culturales, especialmente la etnicidad. La ornamentación es uno de los aspectos de la cultura material más relacionada a la identidad. En Nicaragua, la ornamentación consistió de objetos como cuentas de collar, colgantes, orejeras hechas de piedra verde, hueso, concha, y cerámica. Otra ornamentación incluyó materiales impermanentes, como textiles, plumas, y tatuaje. Estos podrían ser inferidos por las figurillas policromas en contextos arqueológicos.
Cuentas
Las cuentas fueron una de las clases de ornamentación más común (figura 29). La mayoría fueron fabricadas de arcilla, pero hueso y piedra verde también fueron utilizados. En El Rayo, una cajetilla pequeña contenía casi 100 cuentas de cerámica y hueso, probablemente como una ofrenda mortuoria. Una cuenta larga de Santa Isabel fue grabada con la cara del dios de la lluvia mesoamericano, Tlaloc.
Colgantes
Colgantes estaban hechos de barro, hueso (incluyendo dientes humanos y de animal), concha y piedra verde (figura 30). Los más elaborados fueron grabados en hueso: uno representó serpientes emplumadas. Un cascabel de cobre fue recuperado, como un ejemplo raro de joyería metálica.
Orejeras
La mayoría de las orejeras fueron hechas de arcilla fina, pulida a un color café oscuro. La forma mas común consistió de círculos con paredes delgadas y cóncavas (figura 31). El tamaño puede relacionar la edad del individuo y/o su estatus. Otras orejeras fueron más elaboradas, con decoraciones. Algunas fueron hechas con vertebras de pescados.
Tatuaje y pintura
Fuentes etnohistóricas, indican que los nicaragüenses indígenas decoraban ellos mismos sus cuerpos con tatuajes. Esta práctica es indicada por las figurillas policromas del Postclásico. Sellos han sido encontrados para la aplicación de decoración pintada en textiles y en el cuerpo mismo (figura 32).
Figurillas
Figurillas como representaciones en miniatura, ofrecen información importante en la manera de cómo los nicaragüenses de imaginaban a si mismos, con detalles sobre la ornamentación que no se preserva arqueológicamente, como tocados, tatuajes, pintura de cuerpo y vestimenta (figura 33). Análisis cuidadosos de figurillas con otros aspectos de la ornamentación, pueden dar información importante de estética, sobre los conceptos en relación al ‘cuerpo hermoso’.
Producción Especializada Artesanal
Una de las características fundamentales de las sociedades complejas, es la producción especializada de materiales. Esto implica la alocación de tiempo y energía laboral, aparte de subsistencia básica. También sugiere un grado de jerarquía y el intercambio a larga distancia de objetos preciosos. Las investigaciones en el Pacífico de Nicaragua, y particularmente en Santa Isabel, han encontrado una variedad de actividades especializadas artesanales.
La lítica
La evidencia más abundante de la producción especializada existe en los miles de fragmentos de piedra lascada, un deshecho en fabricación de herramientas de pedernal. La mayoría de materiales de lítica utilizados en la costa del Lago Cocibolca fue silex blanco, pero el pedernal rojo oscuro, calcedonia y obsidiana también fueron utilizados (figura 34). Ninguno de estos materiales provenían de la región, la implicación es de intercambio a larga distancia: el pedernal rojo de Chontales y la obsidiana de Honduras. Algunas de las herramientas probablemente llegaron prefabricadas, pero la abundancia de lascas de todos los materiales, indica manufactura local.
Producción textil
La evidencia de producción textil fue abundante en Santa Isabel, con ruecas de hilar y herramientas de telar hechas de hueso (figura 35). En contraste, las ruecas fueron escasas en Tepetate y El Rayo, como indicador de que se importó hilo desde centros de producción como Santa Isabel. Figurillas femeninas representan vestimentas como blusas finas y posiblemente faldas. El hilo también fue utilizado en la fabricación de redes para pescar y hamacas.
Alfarería
La producción de cerámica por análisis de la composición, es el tema de tesis doctoral de Carrie Dennett, de la Universidad de Calgary. Secciones delgadas de diferentes tipos cerámicos han sido observadas con microscopio, para identificar tipos diferentes de arcilla, representando centros de producción distintos (figura 36). Por ejemplo, Tepetate es conocido como un centro de fabricación de figurillas, en base a moldes recuperados arqueológicamente.
Piedra verde
La piedra verde adquiere una superficie lustrosa que se denomina usualmente ‘jade social’, no es jade verdadero, pero si una imitación local. Santa Isabel tenía evidencia de la producción de cuentas, colgantes y amuletos de jade social. La materia prima tenia evidencia de huellas de sierra-hilo para crear la forma básica (figura 37).
Herramientas de hueso
La preservación excepcional de huesos en Santa Isabel y El Rayo, incluyó ejemplos de herramientas de hueso como anzuelos y agujas. En Santa Isabel también había evidencia de su producción. Por ejemplo, huesos largos de venado tenían huellas de cortes por sierra-hilo, probablemente para la fabricación de anzuelos (figura 38).Otros huesos estaban modelados para fabricar herramientas de telar y de ornamentación.
Producción de concha
En Santa Isabel habían varios ejemplos de joyería de concha de mar. Además, habían deshechos de núcleos de caracol marino como evidencia de la fabricación de objetos (figura 39). La abundancia de estos núcleos implica la producción por el intercambio. Es interesante, entonces, que no habían ejemplos de joyería de concha en Tepetate o El Rayo.
Conclusión
Excavaciones en Santa Isabel, Tepetate y El Rayo representan el programa arqueológico más extenso en la historia de Nicaragua, y han producido descubrimientos importantes e interpretaciones nuevas. Estamos en el proceso de reinventar la historia prehispánica del país, en base a datos científicos. La importancia de este tipo de investigación es con relación a la identidad cultural de hoy en día. Cualquier población está relacionada a su pasado. Con mejor conocimiento de su historia, un pueblo tiene una fundación más fuerte. La investigación científica de la arqueología –en contraste a la colección privada de piezas– es por el bien de todos, al igual que la preservación de sitios, como recursos culturales del patrimonio nacional.
Las investigaciones de los proyectos en Santa Isabel, Tepetate y El Rayo, son ejemplos del valor de excavaciones científicas, que han revelado algo de la diversidad y complejidad de la sociedad indígena nicaragüense. Aunque vivían en casas sencillas, comían de la tierra y el lago proporcionaba alimentación abundante y sana. Practicaban ritos mortuorios en un sentido espiritual, con respeto a la madre tierra. En su cerámica hermosa, existía una expresión de sus capacidades artísticas. La ornamentación y la producción especializada, indican la complejidad de la organización social y contactos exteriores. En total, los indígenas de hace mil años vivían en simbiosis con su medio ambiente.
